A las seis y media de la mañana, la niebla sobre Cuenca aún no se había levantado, y tres conductores ya esperaban en la puerta de nuestro almacén: una mañana normal en el mercado de almacenes de Cuenca. Se lo digo sin rodeos: aquella mañana, lo que más temía no era que la carga no hubiera llegado. Temía que hubiera llegado y que los camiones no pudieran subir la cuesta.

La carga venía desde el corredor portuario de Guayaquil. Debería haber llegado durante la noche. En cambio, subió lentamente toda la noche, el conductor se detuvo a mitad de camino para descansar, y solo entró en la ciudad al amanecer. El cliente llamó y preguntó por qué la mercancía aún no estaba en las estanterías. Le dije que la carga estaba en camino, que nada se había roto, que nadie había resultado herido, que simplemente era una subida larga. Esa es la realidad del mercado de almacenes de Cuenca. En el mapa, la distancia parece corta. Al volante, es otra historia. Después de eso, retrasamos todas las ventanas de entrada medio día. Preferimos parecer lentos antes que prometer una llegada nocturna que no podemos cumplir.

Cuenca es una ciudad andina en el sur de Ecuador, y eso cambia la forma de pensar en instalar un almacén aquí. Demasiados recién llegados empiezan por el alquiler. Preguntan cuánto cuesta el metro cuadrado y se detienen ahí. En mi almacén, empezamos por los camiones. Preguntamos por qué carretera vendrán, a qué hora pueden llegar a la ciudad y qué pasa en temporada alta, cuando la pendiente lo ralentiza todo. El alquiler es solo una línea en la factura real. El transporte, el tiempo de espera, los daños y el retrabajo son las demás líneas, y en una ciudad andina esas líneas pueden comerse en silencio todo lo que se ahorró en alquiler.

Mercado de almacenes de Cuenca: empiece por la carretera, no por el alquiler

Los camiones pesados suben despacio. Los frenos y los neumáticos se desgastan más rápido que en terreno llano. Un camión vacío baja rápido, pero que pueda recoger una carga de retorno decide si el viaje realmente compensó. Por eso les digo a todos que hablen con los conductores antes de firmar nada. Los conductores saben qué pendiente es la más dura, qué tramo se complica en época de lluvias y qué horas son mejores para entrar en la ciudad. Un folleto de alquiler le dirá que un emplazamiento está cerca de la carretera principal. Un conductor le dirá si un camión pesado puede realmente girar para entrar en él.

Lo aprendimos por las malas. Una vez, un emplazamiento parecía perfecto sobre el papel: cerca de la carretera principal y lo bastante barato como para contentar a todos. El primer conductor que escuchó la dirección negó con la cabeza. La vía de acceso era demasiado estrecha para un camión pesado, y el desvío era largo. Abandonamos ese trato. Después supimos que el operador que lo aceptó gastó mucho más en transporte de lo que valía el ahorro en alquiler. En Cuenca, el almacén más barato sobre el papel puede convertirse en el más caro en la práctica.

Nuestra regla ahora es sencilla. La carga de larga distancia que viene desde Guayaquil se programa para llegar por la mañana, no en mitad de la noche. Conducir de noche ya cansa, y una subida larga lo hace más arriesgado y más duro para el vehículo. Al principio los clientes se quejaron de que éramos lentos. Luego hicieron sus propias cuentas. Una entrega con medio día de retraso, pero con menos daños y menos reposiciones de emergencia, costaba menos en total. Esa es la primera compensación en este mercado: el tiempo en carretera debe contarse junto con el costo del flete y los daños, no tratarse como un problema aparte.

Almacén suburbano, almacén urbano o centro regional: haga las cuentas

La segunda lección vino de un cliente que distribuía productos de uso diario en varias ciudades del sur. Al principio, el cliente alquiló un gran almacén suburbano porque parecía barato y espacioso. La mercancía cabía. El problema era la entrega. Cada mañana, los camiones tenían que dividirse en tres rutas hacia la ciudad y las ciudades vecinas, serpenteando por calles urbanas y subidas. Un conductor solo podía completar un número limitado de viajes al día. Cuando llegó la temporada alta, los pedidos se acumulaban en el almacén mientras los camiones seguían en la carretera.

Cambiamos la estructura en lugar de añadir más camiones. El emplazamiento suburbano conservó el almacenamiento a granel y el trabajo de fraccionamiento de grandes volúmenes. Un pequeño almacén urbano asumió los productos de alta rotación para las entregas urbanas frecuentes. Entre los dos emplazamientos, hicimos uno o dos viajes lanzadera fijos al día. Ese cambio no se inventó en una reunión. Nos lo impuso una semana punta en la que todas las pequeñas tiendas urbanas repusieron a la vez y los camiones hicieron cola desde la mañana hasta el mediodía solo para salir del emplazamiento suburbano. El jefe iba y venía junto a la puerta. Le dije: dejemos de sacar más camiones de las afueras, pasemos los productos de alta rotación al almacén urbano y dejemos que los de baja rotación viajen a su propio ritmo. Sobrevivimos a esa semana con ese plan, y la estructura de dos emplazamientos se ha mantenido desde entonces.

Así es como ahora explico la elección a otros operadores:

Opción Ideal para Costo principal Mayor riesgo
Gran almacén suburbano Stock a granel, grandes volúmenes, sin prisa por medio día Largos trayectos de última milla y subidas repetidas En temporada alta los camiones hacen cola y no pueden salir
Pequeño almacén urbano Productos de alta rotación y muchas tiendas urbanas Alquiler más alto, poco espacio, difícil de ampliar Una oleada lo llena por completo
Punto de distribución regional Cubrir varias ciudades del sur mediante transbordo Coordinación en ambos extremos Si un extremo falla, el otro también se detiene

Ninguna opción gana por sí sola. Un almacén suburbano por sí solo traslada toda la presión a la carretera. Un almacén urbano por sí solo traslada toda la presión a las estanterías. En Cuenca, la respuesta estable suele ser una combinación: stock a granel fuera de la ciudad, productos de alta rotación dentro de la ciudad y un punto de distribución elegido según la ruta real, no según el folleto. Sume el alquiler, los viajes y los daños. Ese total es el costo real.

También hay un punto de disciplina de almacén que importa más en los mercados del sur de lo que mucha gente espera. Aquí los pedidos suelen ser pequeños y frecuentes. El riesgo no son las estanterías vacías. Es que la preparación y la verificación se queden atrás. Ahora mantenemos los productos de alta rotación en una zona fija, con una ruta de preparación fija y una verificación en la puerta de salida. El personal nuevo puede seguir la ruta sin adivinar. Parece un detalle menor. En temporada alta, es lo que mantiene la operación estable.

Crecimiento del mercado de Cuenca: afiance la base del sur antes de mirar hacia Perú

Mucha gente oye que Cuenca está en el sur e inmediatamente piensa en negocio transfronterizo hacia Perú. Entiendo la ambición, pero el orden importa. Las rutas transfronterizas implican documentos, inspecciones y normas locales que cambian. Cada paso incierto debe contrastarse con la política local más reciente y con cotizaciones reales antes de comprometer carga en un almacén. No mueva primero la mercancía y pregunte después.

Nuestro enfoque es hacer que la base del sur funcione primero. ¿Qué ciudades piden cada semana? ¿Qué rutas pueden llevar una carga de retorno? ¿Qué clientes duplican su volumen en temporada alta? Esas respuestas deben salir de los propios registros del almacén antes de expandirse hacia fuera. Si la base local no es estable, añadir volumen transfronterizo es como añadir un tramo desconocido a una subida que aún no se ha dominado.

Este es el juicio contraintuitivo que doy a otros gerentes. En Cuenca, el almacén de alquiler más bajo suele ser el almacén de mayor costo. Un emplazamiento barato que obliga a los camiones a recorrer más distancia, esperar más tiempo y absorber más daños devolverá en costo de transporte cada dólar ahorrado en alquiler. Un emplazamiento algo más caro, donde los camiones entran y salen sin problemas, los conductores están dispuestos a hacer la ruta y los daños se mantienen bajos, suele resultar más barato a fin de mes. Hable primero con los conductores. Compruebe las rutas con los clientes en segundo lugar. Firme el contrato de alquiler en último lugar. No invierta ese orden.

Cuenca no es una ciudad donde el alquiler bajo por sí solo gane. Es una ciudad donde ganan el acceso por carretera, la pendiente y el ritmo de distribución. Haga que los camiones circulen sin problemas, coloque los puntos de distribución en los lugares adecuados y el almacén será mucho más fácil de gestionar. Así gestionamos el nuestro ahora, y esa es la matemática honesta detrás de este mercado.

Por Chen Feng, Gerente de Operaciones de Almacén

Traducido del inglés. En caso de discrepancia, prevalece la versión en inglés.